Queridos hermanos y hermanas:
Hemos llegado a nuestra Semana Santa después de prepararnos en esta cuaresma. Nuestra renovación interior nos lleve a vivir el lema de este año:
“Que la Semana Santa nos convierta en discípulos y misioneros de Jesucristo, para proclamar la gloria de su resurrección”.
Quiero resaltar nuestra alegría y gozo de comenzar nuestro JUBILEO desde el 20 de julio de 2008 al 20 de julio de 2009. Será un año de gracia y Peregrinación Jubilar para ganar la Indulgencia Plenaria.
Ahora escuchamos hablar de maravillas del mundo (de la humanidad), pero nos damos cuenta que son elegidas construcciones humanas, recuerdos de civilizaciones pasadas. Por eso quiero recordar con nuestro recordado Juan Pablo II que “el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad”. ¡Jóvenes ése a de ser su horizonte!
Invito por ello a los convivientes a realizar su Santo matrimonio en nuestro Jubileo, a velar por su hogar para que reine el amor, a ser verdadero fundamento del desarrollo social a través de la participación cívica y también invito a bautizar a sus hijos.
Como bautizados estamos llamados a anunciar la Buena Nueva que en otras palabras denominamos que “todos somos misioneros” en todo tiempo y lugar. Por eso nos encontramos en la etapa Rural de nuestra Gran Misión 2008. Pongan ánimo, renovado impulso y lleguemos a las Comunidades Rurales más alejadas que tienen tanta sed de Dios y padecen el flagelo de una situación de pobreza y extrema pobreza.
Estos grandes acontecimientos sólo podrán salir adelante con la oración. Oración en familia en la que papá y mamá, unidos con sus hijos, elevan la plegaria por la paz, que es don de Dios, para alejarnos cada vez más de todo tipo de violencia porque “la violencia engendra más violencia”.
¡Alégrese el cielo y goce la tierra porque Cristo RESUCITÓ!
Reciban mi fraternal bendición.
Ayacucho, marzo de 2008 + Mons. Luis Sebastiani Aguirre S.M. |