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    Semana Santa 2012 .
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    Ayacucho Capital de la FE .
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    Acompañando el Luto y dolor de la Madre .

La Semana Santa en Ayacucho

Un breve recuento a través de la historia.

COMISION DE FESTIVIDADES PRO-SEMANA SANTA-2012
Especialidad de Historia. Facultad de Ciencias Sociales - UNSCH

Jhoel A. Amiquero Prado
Fidel Córdova Vila
Sergio G. Vega

La Semana Santa ayacuchana es una de las festividades religiosas de mayor trascendencia a nivel nacional y mundial, incluso equiparable a las de Sevilla (España) caracterizadas por mantener su propia peculiaridad y la predilección con que realizan su fervor y profunda religiosidad que la hacen única y diferente como señala el periódico “Wari” en el año 1971:

Semana Santa Ayacucho

“quienes han estado durante esta Semana Santa no solo en nuestra patria, sino en Europa especialmente en Sevilla, cuya semana santa es de fama mundial. Dicen que la nuestra difiere fundamentalmente de aquélla, porque en la que fue antigua ciudad de Huamanga, hoy Ayacucho es el pueblo que interviene y realiza escenificaciones de algunos pasajes de la Pasión de Cristo, empezando con el triunfal ingreso a la bella fisonomía de nuestro parque Sucre el día domingo de Ramos, el encuentro, la noche del miércoles Santo y la procesión de Jesús resucitado en la madrugada del Domingo de resurrección. Estos días de Semana Santa, hay multitudinarias manifestaciones de fe sincera”. La tradición que se mantenía y la devoción religiosa, que se vivía en la ciudad, durante los días de la Semana Santa, hicieron que fuera atribuida con los mejores calificativos."

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Semana Santa Ayacucho

Los españoles conquistadores, clérigos y misioneros trajeron consigo al Perú su forma de vida; con ello vino su cultura religiosa que enseñaba el amor y moral humana.  De entre ellas, la fiesta religiosa de la Semana Santa se fue introduciendo en el transcurso del proceso evangelizador en el período histórico de la colonia. Una vez fundada Huamanga en lo que fue el asiento de Pukará la Semana Santa cumplió un papel muy importante en la incorporación de los indígenas a la religión y a la Iglesia Católica. Aunque en un inicio
esta festividad religiosa debía amoldarse a la tradición indígena, poco a poco fue muy bien acogida por ellos.
Se aprecia el hecho de que durante los años de la colonia la festividad de la Semana Santa y la religiosidad cristiana, habían sido fuertemente impregnadas en la vida espiritual del huamanguino. Sus iglesias, eran un claro símbolo de la vida religiosa que caracterizaba al huamanguino de antaño.
De este modo, la Semana Santa, se fue convirtiendo en una de las festividades religiosas más importantes de la Huamanga colonial. Es así que durante los días de la Semana Santa de cada año, el huamanguino llevaba una vida pública piadosa, como añoranza de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

LA SEMANA SANTA, EN EL PRIMER SIGLO DE VIDA REPUBLICANA

Durante la independencia, se dio la llegada a la ciudad de una parte de la Expedición Libertadora de San Martín, bajo el mando del general Antonio Álvarez de Arenales, quien un 1° de noviembre de 1820, proclamó la independencia de Huamanga. Al año siguiente San Martín proclamaba la independencia del Perú, con ello el Perú comenzaba a vivir su proceso republicano. Más adelante un 25 de febrero de 1825, bajo el Decreto Supremo del entonces representante Simón Bolívar la ciudad cambiaría el nombre de Huamanga por el de Ayacucho. Sin embargo la Independencia no había provocado cambio alguno en el catolicismo de sus habitantes. Incluso durante las luchas por la Independencia los soldados tanto realista y patriotas la practicaban acudidos en sus marchas en compañía de sus capellanes que les brindaban auxilios en sus campañas célebres durante esta festividad.
Con el advenimiento de la República las costumbres coloniales seguían rigiendo las formas de vida del ayacuchano; es decir, la Independencia  no había provocado una ruptura en la vida espiritual de los habitantes de la ciudad, siendo un claro manifiesto de ello la festividad de la Semana Santa y su fuerte fervor religioso. Las festividades litúrgicas de la Semana Santa se fueron reproduciendo y formando parte de nuestra cultura. Las majestuosas iglesias como legado colonial le harían acreedora a ser conocida como la “Ciudad de las treinta y tres iglesias”, o “La pequeña Roma de los Andes” y conocida también como la “Sevilla de América” por las arquerías de sus portales que circundan  su plaza mayor.
Para el ayacuchano de inicios de la República, la Semana Santa, seguía siendo una de las festividades religiosas más respetadas dentro del calendario cristiano. Por ello el poblador local durante los días de la Semana Santa seguía viviendo un peregrinaje de devoción y fe católica, encarnándose en los pasajes de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es en estos días de la Semana Santa donde se seguía guardando los verdaderos preceptos de la fe cristiana, como la abstinencia y se prohibían las fiestas que se consideraban profanas, entre ellas las peleas de gallo, corridas de toro, libar aguardientes, danzas y otras.
Las procesiones se llevaban a cabo con participación multitudinaria de los vecinos del Cercado de la ciudad y con misas solemnes donde los fieles vivían un verdadero fervor religioso.
En los años que siguen a los inicios de la República se fueron integrando nuevas procesiones; fue así que, a mitad del siglo XIX, se revivió la procesión del Domingo de Ramos por José Manuel Coronado, instituida años atrás por el sacerdote Don Isidro Miranda, como aclara esta cita: “La procesión ceremoniosa de las palmas…muy placentero será para el pueblo ayacuchano, que en los años venideros se continúe con esta ceremonia piadosa establecida por el inmortal sacerdote D. Isidro Miranda,…” (Periódico el Liberal, Núm. 14, tomo 4, Ayacucho jueves 20 de marzo de 1856).
También hubo procesiones que instituidas desde muchos años antes, no se llevaban a cabo por ciertas causas o se cambiaban de fecha. Así sucedió con la procesión de la Virgen de la Soledad que se hizo el Viernes Santo o como la del Viernes  Dolores que se realizó un día Sábado por motivos circunstanciales de una fuerte lluvia, todo esto en la Semana Santa de 1856. Pero es notorio aclarar que en el transcurso de los años se fueron instituyendo nuevas procesiones a las que ya existían. Estas procesiones presentaban los detalles que todavía se mantiene en la actualidad como las cenefas de cera que adorna las andas elaboradas artísticamente o el estallido de bombardas y cohetes en Pascua o la quema de chamizos.

LA SEMANA SANTA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
Se encontraba como obispo de Ayacucho el recordado Mons. Fidel Olivas Escudero,  quien puso  mayor énfasis en estas celebraciones. Las procesiones  de la Semana Santa conocida también como “Semana Mayor” o “Semana de los grandes misterios”- se realizaban con mayor concurrencia de la población local y pueblos aledaños. En ellas se evocaba un sentimiento de fe y devoción por las imágenes sacadas en procesión como las que se realizaban en el templo de la Magdalena “en la tarde se saco en procesiones a la Virgen del templo de la Magdalena con mucha concurrencia de fieles” (Periódico El Estandarte católico. 1902) como las que se establecían en las Constituciones Sinodales, presidida por  el Obispo en las diversas ceremonias con todo el respeto y veneración en los Santos días de Cuaresma. Con el propósito de institucionalizar definitivamente este acto de fe se autorizó la creación de una Hermandad de Devotos para venerar al Jesús Nazareno, en 1918 (Periódico Estandarte Católico, 1918:523), más adelante, en 1926 “un grupo de personas de honradez intachable formo la hermandad de Caballeros del Señor de Sepulcro (Estandarte Católico, 1926: 701); en la que también se incorporaban a miembros del ejército, la policía y el Seminario, todo con la aprobación de la jerarquía eclesiástica.
En los años 30, la imagen del Santo Sepulcro salía en una tarima; posteriormente, la urna y la plataforma fueron cambiadas por las bellas andas talladas en madera.  De este modo, las procesiones se fueron volviendo más vistosas modificándose con nuevas andas; los adornos eran elaborados artísticamente, haciendo de las procesiones aun más esplendorosas, que junto con la concurrencia de los feligreses hacía una Vía Crucis con la más viva devoción  como señala un periódico local de la época: “edificante sobremanera ha sido el modo como ha ido desarrollándose el programa  de actos piadosos con el que el clero i fieles de esta ciudad llenan los anhelos de la iglesia en este sagrado tiempo de la cuaresma. Durante todo el mes de marzo muchas personas piadosas, especialmente el pueblo, han organizado continuamente romerías a diversas iglesias para practicar en ellas la devoción del via-crusis. Todas las noches hemos visto con satisfacción los templos invadidos de fieles, ansiosos de oír la palabra” (Periódico el Estandarte Católico 13 de Abril de 1925, Núm. 678).

LA SEMANA SANTA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
Desde la segunda mitad del siglo XX el interés que se tuvo por la Semana Santa fue acrecentándose, en las procesiones, cada vez más vistosas y con la masiva concurrencia de la feligresía, que fue captando además el interés externo, debido a las filmaciones que ya se iban realizando: “desde hace algunos años se han hecho varias filmaciones de las ceremoniosas tradicionales de la Pascua” (Periódico Estandarte Católico 1949. Núm. 1,225).  Es así que en 1962, bajo la labor del Obispo Otoniel Alcedo quien restituyó las procesiones de Lunes y Martes Santo suprimidas por el Obispo Fidel Olivas Escudero “…Y hacer revivir las que fueron suprimidas el año de 1917, como las de lunes y martes santo; estas ultimas salieron del templo de la Amargura y de San Francisco de Asís, organizadas por el R.P. Arístides Gutiérrez, capellán, y el R.P. Bernardino Idoyega, párroco de San Juan Bautista, con un recorrido por las principales calles de la ciudad y la plaza Sucre” (el estandarte católico, 1962: núm. 1509). De este modo las festividades de Semana Santa, duraron diez días y concentraba gran cantidad de fieles tanto de la ciudad como de los espacios rurales.
Para la década del 60, Ayacucho fue considerada como uno de los destinos turísticos, principalmente durante la Semana Santa, no sólo por su atractivo sino por su incomparable devoción y tradición cultural: “se entiende que con la Semana Santa, Ayacucho cobra una nueva vida y los numerosos turistas nos sorprenden en un proceso de inusitada actividad, lo que evidentemente ya muy a favor de lo que presentamos y de lo que somos, pero sobre todo de lo que se refiere a la singularidad de la Cuna de la Libertad que ofrece un catolicismo que no es de zarzuela, sino una realidad” (Periódico Wari. Num.211.6 de abril de 1971).
Y, pese al conflicto desatado durante las décadas de  violencia política, jamás se encontró un desequilibrio que llevara a suprimirlas, mucho menos perjudicar su imagen sino como nos dan a conocer algunos entrevistados quienes manifiestan que estas celebraciones piadosas se realizaron con normalidad, mas aun las procesiones se llevaban a cabo en medio de las zozobras en que se vivía. A pesar de esta situación era evidente que la Semana Santa era una de las festividades religiosas de gran tradición que pervivía en nuestra región.
Sin embargo, años más tarde, en los días de Semana Santa, se fueron haciendo común la presencia de los grupos musicales de diversos géneros, masificando y paganizando las fiestas durante los días de Cuaresma. La famosa feria de los días sábados del cerro de Acuchimay se fue convirtiendo en escenario de conciertos populares donde además la borrachera de las personas se ponía de manifiesto. Lamentablemente para algunos ayacuchanos y visitantes, la Semana Santa ha  ido perdiendo su verdadero sentido, llegando incluso a denominarla con la jerga popular de “Semana Tranka”, la cual alude a la embriaguez de las personas que se pone en evidencia durante estos días.
Unos años más tarde, vendría la modificación del término y la manera como se llevaba, a cabo el tradicional Pascua Toro, hoy denominado Jala Toro. El tradicional Pascua Toro simbolizaba un regalo de caridad, una dádiva que era entregada al hospital, a la cárcel y al asilo de ancianos, que era conducida por los morochucos con cierta alegría.
Hoy en día el “Jala toro”, como se le ha venido denominando, concentra a un sin número de jóvenes, que lo ven como un día más de diversión, en el que el centro histórico se convierte en una cantina donde se expenden bebidas alcohólicas, haciendo caso omiso a los dispositivos legales emitidos por la municipalidad. Muchos de los jóvenes empezaron a tergiversar el día de Pascua Toro emulando las famosas carreras delante del  toro que se realiza en honor a San Fermín en Pamplona (España).

Los ayacuchanos, estamos perdiendo nuestra identidad cultural de Semana Santa. Estas ceremonias son tradicionales en nuestro medio valoremos nuestra verdadera Semana Santa y nuestro legado cultural, puesto que no sólo es un deber de quienes las vivimos con religiosidad y fervor, sino que la responsabilidad sea una tarea compartida; ello nos exige a cuidarlas por ser patrimonio nuestro, lejos de ser sólo atractivo.

“Conservemos el tesoro que nos legaron nuestros mayores y procuremos acrecentarlo con las joyas de nuestra piedad, con el entusiasmo de nuestra fe y con el oro de nuestro amor” (periódico el Estandarte Católico. Año XLVIII. Ayacucho, sábado 30 de Abril de 1949, Núm. 1,225).

La celebración del tribuno sacro de la Semana Santa en Ayacucho fue una franca y leal manifestación de su piedad  tradicional. En ninguna parte del país la piadosa expresión de un pueblo adquiere severidad tan grandiosa y formal como en esta ciudad que con razón fue llamada ´La Roma de América`.” (PERIODICO “EL EXELSIOR” Año: XLV. Nº 1,140; 15 de Abril de 1945) .
Durante las décadas de la convulsionada lucha Armada 1980-90; que vivió nuestra ciudad, no se dejó de dar las procesiones, estas se dieron más temprano y más rápido. A partir de este fenómeno de violencia socio-político, se recorta algunas cosas- a la celebración de la Semana Santa-y añaden otras; de esta manera se empezó a tergiversar la realidad de esta Semana Mayor. Entrevista al Padre Percy Quispe Misaico.

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